Con la llegada de Voro parece ser que la tensión en el VCF se ha rebajado. Decía éste, que parece que la copa se ganó hace dos años, razón no le falta. Y es que la tensión acumulada por la sucesión de resultados negativos, por la actitud del cuerpo técnico y la incapacidad para resolver problemas que ha demostrado el equipo directivo, ha provocado que la copa quede en un segundo plano. Muchos pensaron que la copa serviría de cortina de humo para el aficionado, pero no era humo lo que había en Valencia sino fuego.
El equipo está en la zona caliente de la clasificación, en una zona en la que no se veía desde hace dos décadas, una zona de la que puede comenzar a salir el próximo fin de semana con una victoria ante los rojillos del Osasuna.
El camino puede parecer duro, tortuoso, pero es un camino que conduce a la normalidad. Y es esa normalidad la que deben buscar todos los jugadores, sin excepción. Una normalidad que jamás se debió romper, una normalidad que comenzó a desaparecer el día que un sector del valencianismo pecó de aires de grandeza, entonces la realidad comenzó a verse desfigurada. Con el tiempo y el apoyo de algunos medios, la mayoría del valencianismo daba por hecho que éramos algo que no somos, algo que no necesitamos ser.
El Valencia no es el Barça, no es el R. Madrid ni debe intentar imitarles. Este es el tercer equipo del país y así debe comportarse, como el aspirante que con pelea, con esfuerzo y empeño y unidad intenta limar la diferencia con los dos poderosos, creer algo distinto es equivocarse, es dirigirse hacia el precipicio sin paracaídas. El Depor lo hizo, creyó ser Goliat pero pronto pagó sus aires de grandeza y se convirtió en un equipo más. Nosotros ahora lo estamos pagando también.
Por eso hay que volver a la normalidad, el discurso de Quique era sensato, quique puede ser mejor o peor entrenador, pero sabía lo que tenía entre manos, conocía las limitaciones del equipo y trataba de ajustarse a ellas. Quique nunca vendió humo, se ha demostrado que con ésta plantilla, clasificarse para la champions era un objetivo real, ganar la liga , una quimera.
Llegó Koeman con aires de grandeza, arrasó con la estructura del equipo, desconocedor del club y de la liga pensó que era CruYff, que dirigía al Dream Team. Pensó que disponía de 100 millones para fichar y del apoyo incondicional de la prensa, pecó de listo, pecó de soberbio, y cuando erró no tuvo la grandeza de reconocer su error, nunca se propuso enmendar.
Koeman no es más que un iluso, que creyó que el haber vivido del sueño del Dream Team le daba conocimientos suficientes para repetirlo en el Valencia, de ser así habría una treintena de exjugadores capacitados para llevar a la práctica aquel proyecto. La realidad demuestra que ni siquiera el mismísimo Cruyff se atrevió a intentarlo de nuevo.
El Valencia fue admirado en Europa precisamente porque hizo de su humildad su arma más peligrosa, era como en la época de los mosqueteros, uno para todos y todos para uno. Hoy por desgracia es distinto, todos contra todos y cada uno para sí mismo. Así no haremos nada.